domingo, agosto 05, 2012

Gonzalo Lema: “Navego más hacia mar adentro”



Por: Sergio de la Zerda

Mujeres que dan a luz a animales, seres que viven a gas y autodestructivos hombres - máquina son parte del universo ficcional y apocalíptico de Después de las bombas, nuevo libro de cuentos del destacado escritor Gonzalo Lema Vargas (Tarija, 1959).


Editado por La Hoguera, el libro fue presentado el pasado miércoles en el Club Social por su autor, el literato Adolfo Cáceres Romero y el sacerdote e investigador social Gregorio Iriarte.



Catorce relatos creados desde 2007 conforman la obra con la que Lema explora otro género narrativo, el de la ciencia ficción, tras sus incursiones por la novela histórica, el relato erótico y el policial, entre otros.


Un decadente y extraño mundo, en el que sin embargo el ser humano continúa su cotidiana reflexión sobre la amistad, el ser supremo y el amor de pareja, entre otras temáticas, es el ambiente en el que se desarrollan las historias del también abogado, futbolista y anteriormente concejal de Cochabamba.



Con el autor de La vida me duele sin voz (Premio Nacional de Novela, 1998), Este lado del mundo (Premio de Novela Erich Guttentag, 1983) y La huella es el olvido (finalista del Premio Casa de las Américas, 1993), entre otros títulos; con el padre literario del entrañable detective boliviano Santiago Blanco, dialogó la RAMONA.


-Sus cuentos mantienen un tono apocalíptico, mas usted ha señalado que igualmente contienen algo de esperanzador, pues comparten eso con la obra de Ray Bradbury. En relación a la humanidad, ¿se ubica usted más del lado de los pesimistas o de los optimistas?



Yo pienso que las mejores noticias de la ciencia ficción me llegaron de Bradbury, es cierto, pero ni siquiera gracias a él pudo doblegar mi desánimo. Mis cuentos lo confirman, además. Inclusive me resulta difícil imaginar que la humanidad se ponga de acuerdo para lograr la paz. Ni siquiera para alimentar a todos. Nuestra naturaleza tiene aristas muy ásperas.


-El escritor Adolfo Cáceres Romero dijo, en la presentación de su libro, que los relatos de Después de las bombas tienen una identidad literaria clásica, pero que las historias son abordadas desde la ciencia ficción. ¿Ha sido esta combinación un rasgo literario buscado o casual?



Es, más bien, mi ser íntimo. Yo requiero que la sociedad, el Estado, la persona, recupere siempre el pasado y la buena tradición. Descreo de quienes afirman que la política, el arte o el pensamiento comienza con ellos. Me brinda confianza el reformista, no el revolucionario. Y esa mentalidad se expresa en todo lo que escribo.


-Y hablando de la ciencia ficción, ¿ha sido difícil el paso a este género, tomando en cuenta que su anterior producción tenía el realismo explícito del policial, con un toque muy local además?



Ha sido un salto al vacío en silencio, apretando los dientes. Pero ese mismo sentimiento tuve cuando empecé a escribir policiales y erotismo. Forma parte de mi vida de escritor. Con los policiales descubrí lo que estaba frente a mis ojos y no lo veía. Con la novela erótica empecé a verbalizar lo que sabían mis sentidos. Con la ciencia ficción ejercité mi percepción, mi intuición, y me quedé triste.

Pero todas estas experiencias me conmovieron.



-Dios es una preocupación central de varios de sus personajes. ¿La reflexión teológica es una faceta muy reciente de su literatura?

El diálogo de algunos personajes con Dios es reciente. Sin embargo, mi preocupación sobre Dios es desde siempre. Poco me ha preocupado si existe o no, o dónde vive y se lo puede visitar. A mí me ha preocupado dañar lo creado, lo existente. Tergiversar la naturaleza de las cosas. Desde ese punto de vista, muchos personajes míos tienen un fuerte sentido religioso.


-Varios de sus cuentos tienen hasta cinco años de maduración, y ha confesado usted que escribir es un oficio “casi canibalesco”.

¿Es la literatura un ejercicio doloroso que debe ser siempre prolongado?



Cualquier persona sufre cuando va a escribir una carta. Es obvio que se desgarre interiormente si va a escribir un cuento. ¿Se imagina el dolor que produce escribir una novela? La página o la pantalla en blanco puede generar una angustia alarmante. En cambio leer es muy placentero. La gente que tiene el hábito de leer sabe que es un placer inequiparable. La gente que no lee, en contraste, parece muy frágil, muy ingenua. Y eso se debe a que no cuenta con la formidable experiencia de la vida que la lectura regala.



-Ha dicho que desea que su próxima iniciativa literaria, una novela, tenga elementos de varios de los géneros que ha explorado en su trabajo. ¿Tiene ya alguna pista de por dónde iría la historia?


No tengo ninguna pista, pero me siento más armado para afrontar ese reto. Mis detractores dirán que ya va siendo hora. Lo que se tiene que entender es que, todo lo que un escritor hace en la vida, quizás sirva para escribir un buen libro. Un libro. Y lo más probable es que no lo logre. Es una apuesta muy fuerte.



-Uno de sus relatos contiene una frase de Cristóbal Colón, que ha sido comentada con énfasis por usted y el padre Gregorio Iriarte en la presentación es: “Navegar es necesario. Vivir no es necesario”. Además de escribiendo, ¿de qué otras maneras “navega” Gonzalo Lema?


Cada día que pasa en mi vida, de un tiempo a esta parte, navego más hacia mar adentro. La literatura ha ido ganando batallas a la política, al fútbol y a otras actividades. Me he quedado solo con ella, y eso me pone muy contento. Yo he crecido con la literatura. Hace mucho tiempo que sé que es un oficio excluyente. Esa certeza me da fuerza.



PING PONG


Por favor diga lo primero que se le viene a la mente cuando escucha las palabras:



Tarija: Mi tierra, y la de mis mayores.

Derecho: Mi cultura ciudadana.

Fútbol: La alegría del pueblo.

Erotismo: El goce secreto.

Evo Morales: Un amigo.

Literatura nacional: Honor y lealtad.
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