domingo, mayo 21, 2017

Cuando Nanjing suspira, segunda novela de Cristina Zabalaga




Cristina Zabalaga construye una obra en la que el duelo, la ausencia y la reconstrucción adquieren un nuevo significado. 

Con un paisaje brumoso, Estela devuelve el cuerpo de su marido a esa ciudad que nunca ha pisado. Gracias al viaje, retomará su vida y le dará un nuevo sentido a la ausencia.
Estela llega a esa ciudad para escribir una guía de viajes y, además, enterrar a su esposo. Ella se dedica a desarrollar guías inusuales de todos los rincones del mundo. Viajando se siente en casa. Libre. Sin embargo, esta vez es diferente: acaba de perder a su marido y se percibe como un negativo borroso, una mala copia de sí misma.
Con su estadía en Nanjing, sus visitas frecuentes al río Yangtzé y los encuentros con los habitantes de la ciudad, Estela hallará la fuerza para lidiar con su duelo y reencontrarse en esta ciudad habitada por miles, millones de suspiros.

sábado, mayo 20, 2017

EL CUENTO QUE NUNCA SE CONTÓ : NOUVELLE DE ISABEL MESA



Un príncipe está atascado en una narración: una y otra vez es arrojado por un dragón hasta el inicio de la historia. ¿A qué se debe esto? Pues ni la voz narradora lo sabe,pero, junto con el príncipe, buscará respuestas. Así es como comienza una aventura en la que descubrirán el cuento que nunca se contó...

viernes, mayo 19, 2017

Rodrigo y Liliana




Por: Martín Zelaya Sánchez

Fines de junio de 2008. Rodrigo Hasbún acababa de ganar el Premio Unión Latina a la Novísima Narrativa Breve, conferido a su cuento Familia, y en una brevísima entrevista que alcanzó a responderme por email dijo: “Escribo las historias que necesito contar y las cuento en la manera que necesito contarlas… y aparte de eso, hay poco más”.
Unos meses antes el autor cochabambino había sido elegido como uno de los “39 de Bogotá”, lista que una década después, en su segunda versión, acaba de incluir a Liliana Colanzi entre los 39 más destacados escritores latinoamericanos de la actualidad, menores de 40 años. “Cuando una escribe convoca ciertas energías y eso que está en el aire por lo general acude a tu llamado, así que hay que tener coraje para recibir aquello que se conjura. Hay que ser paciente, porque descubrir su verdadera forma puede tomar meses o años”. Eso decía Liliana en julio de 2015, en una conversación en el marco de su participación en la Feria Internacional del Libro de La Paz.
Rodrigo y Liliana. Cochabambino y cruceña. Ambos nacidos en 1981. Ambos cuentistas consumados, aunque Rodrigo ya publicó además dos novelas y Liliana, se sabe, pergeña la primera hace ya varios años. Ambos representantes de primera línea de la nueva generación de narradores bolivianos que, como pocas otras -como casi nunca en la literatura boliviana- logran trascendencia y reconocimiento de lectores y críticos no solo dentro del país; es más, sobre todo fuera del país.
Una década es mucho y poco a la vez. Mucho, porque en este tiempo Hasbún pasó de ser un prometedor autor novel a un consolidado escritor reconocido en América Latina y España, cuya novela Los afectos fue ya traducida a media docena de lenguas y logró en el último par de años incontables críticas favorables. Mucho, porque Colanzi en aquellos días apenas ensayaba sus primeros textos y se daba a conocer en suplementos culturales de Santa Cruz y algunos blogs entonces en boga; pero hoy, en cambio, su nombre no falta en casi toda feria, encuentro, antología o recopilación de narradores latinoamericanos, de la mano de sus libros de cuentos, sobre todo del último, Nuestro mundo muerto, editado en Bolivia, Chile, México, Argentina… traducido ya al inglés y el italiano, y uno de los más vendidos en las semanas pasadas en la prestigiosa editorial-librería porteña Eterna Cadencia.
Y una década es poco, porque Rodrigo podría -a sus 36 años- volver a estar en la lista bogotana por mérito propio, por lo que siguió haciendo en estos años en los que ganó mucho más reconocimiento; y poco porque Liliana apenas empieza, y miren lo que ya logró y lo que se augura.
Pero lo trascendental, lo importante que permite esta plataforma -porque eso es sobre todo “los 39 de Bogotá”, una importante visualización-promoción de los escritores seleccionados y de sus obras- es reafirmar el valor de la literatura de ambos a partir -precisamente- de sus búsquedas y entendimientos literarios. Y eso percibe muy bien en sus declaraciones reproducidas al inicio de esta nota.
Si consideramos estos dos “casos modelo” como una muestra representativa de los derroteros de la narrativa boliviana actual -hablemos de Giovanna Rivero, Juan Pablo Piñeiro, Sebastián Antezana, Maximiliano Barrientos, Wilmer Urrelo, por citar a unos pocos- a no dudar que en estos últimos 10 años nuestra literatura es más literatura; nuestros escritores son más escritores. ¡Ojo! No estoy hablando de calidad, valía o consolidación en un eventual canon. No los pongo por arriba o debajo de ningún otro escritor de hace cien, 50 o 20 años. Simplemente me remito al oficio y vocación, al profesionalismo, dedicación y decisión.
Escribo lo que Yo necesito escribir y como Yo quiero hacerlo; más o menos eso, en otras palabras, afirmaba Rodrigo. Hay que tener coraje para plasmar (escribir-publicar) lo que tanto trabajamos tal como lo concebimos y diseñamos; más o menos eso sostiene Liliana. Escribir y punto, al margen de modas, tendencias, compromisos, obligaciones o responsabilidades históricas, políticas, sociales que otrora condicionaban las letras bolivianas. Rodrigo y Liliana son una muestra de que buena parte de la literatura en la Bolivia actual es eso: literatura, en todo el sentido de la palabra. No parece mucho, pero es algo que no estuvo del todo claro por mucho tiempo. Enhorabuena por eso.
Rasgos
Para terminar, una breve síntesis descriptiva de las prosas de los dos autores. Leer los cuentos de Colanzi remite automáticamente a un concepto: intensidad. Intensidad en la forma y en el fondo. Es decir, un trabajo duro y riguroso con el lenguaje, los planos narrativos y la construcción de tramas y personajes; una labor que no puede salir de la noche a la mañana, por un lado; y, por otro lado, una impronta de misticismo, un sello personal que le lleva a crear historias que navegan entre lo real y lo sobrenatural: muertos entre vivos, poderes extrasensoriales, seres de otros mundos, destinos predeterminados. “Algo que no he contado antes es que rezo antes de escribir… rezo para olvidarme de mí, para poder sintonizar, aunque sea por un segundo, la música de las altas esferas”, comenta Liliana en una vieja entrevista.
De Hasbún hay que resaltar primero su nivel parejo, su voz clara e irrenunciable. Muchos de sus cuentos tienen destino de clásicos, pues sobreviven intactos el paso del tiempo. Y de sus novelas, a contracorriente de la mayoría, me quedo con la primera, El lugar del cuerpo. Cronista de situaciones urbanas y familiares, pero sobre todo hábil constructor de estados mentales, de situaciones emocionales de sus personajes, el cochabambino sobresale por la ductilidad de su estilo, por su notable poder de síntesis: es admirable lo mucho que cuenta, lo bien que cuenta en tan pocas páginas.
Fuente: Letra Siete


martes, abril 18, 2017

Uma y la tierra de los jaguares, de Mariana Ruiz





Uma y la tierra de los jaguares. Mariana Ruiz Romero ya va publicando cinco libros sobre Uma, un niño muy especial que recorre diferentes puntos de Bolivia. A través de sus libros, con mucho color, magia y poesía,  nos invita a conocer el país, sus costumbres y sus animales. Con “Uma y la tierra de los jaguares” sumamos seis libros a esta colección. Esta vez Uma visita Pando. Allí, forma parte de una expedición que investiga cuántos jaguares existen en la zona, con el fin de preservarlos. Uma aprende cómo es el mundo de estos felinos, la importancia del equilibrio en la tierra entre cazadores y cazados y el amor y cuidado que tenemos que tener hacia el suelo que nos cobija. Este libro es un homenaje a la naturaleza, y a través de este un tributo a Bruno Racua, Robert Wallace y a todos aquellos que respetan y aman nuestra tierra.

lunes, abril 17, 2017

Cuando vibraba la entraña de plata : Novela de Enrique Viaña

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La trama del libro de Enrique Viaña, Cuando vibraba la entraña de plata (crónica novelada del siglo) (1948), se centra en Nicolás Ludueña, ciudadano medio de la Villa Imperial de Potosí, cuya vida se articula a circunstancias y detalles ocurridos entre 1598 y 1626. Ludueña es un ciudadano corriente que se bate contra los vascos cuando las circunstancias lo requieren, que juega y bebe con sus amigos en el Mesón del Desorejado, todo esto en una atmósfera más bien austera, que se hace galana y refinada en las fiestas oficiales, aunque sórdida en la mina y en los ingenios.
Esta novela ofrece, además, un inquietante misterio asociado a la presencia y a los saberes indígenas que inciden y determinan el desarrollo del relato. El narrador-cronista, que no forma parte de la historia ni opina al respecto, articula los diálogos que intentan reproducir la oralidad potosina a través de un español antiguo sobre el que se graban voces quechuas del cotidiano urbano de la época.
De esa manera, nos enteraremos cómo fueron esos oficios que tienen que ver con la tierra y los metales, y también cómo se gestaron esas luchas entre vicuñas y vascongados, al mismo tiempo que seguiremos las aventuras y desventuras de Nicolás Ludueña y veremos configurarse una sociedad y una cultura americana. (crónica novelada del siglo) (1948), se centra en Nicolás Ludueña, ciudadano medio de la Villa Imperial de Potosí, cuya vida se articula a circunstancias y detalles ocurridos entre 1598 y 1626. Ludueña es un ciudadano corriente que se bate contra los vascos cuando las circunstancias lo requieren, que juega y bebe con sus amigos en el Mesón del Desorejado, todo esto en una atmósfera más bien austera, que se hace galana y refinada en las fiestas oficiales, aunque sórdida en la mina y en los ingenios.
Esta novela ofrece, además, un inquietante misterio asociado a la presencia y a los saberes indígenas que inciden y determinan el desarrollo del relato. El narrador-cronista, que no forma parte de la historia ni opina al respecto, articula los diálogos que intentan reproducir la oralidad potosina a través de un español antiguo sobre el que se graban voces quechuas del cotidiano urbano de la época.
De esa manera, nos enteraremos cómo fueron esos oficios que tienen que ver con la tierra y los metales, y también cómo se gestaron esas luchas entre vicuñas y vascongados, al mismo tiempo que seguiremos las aventuras y desventuras de Nicolás Ludueña y veremos configurarse una sociedad y una cultura americana.

lunes, abril 10, 2017

“27 (Amargada diabética)” : Primera novela de Juan José Toro Montoya




“27 (Amargada diabética)” no es una historia sino la amalgama de dos que se tejen en diversos momentos de la historia de Bolivia. Es una muestra de que todos seguimos la vida por un mismo hilo conductor del destino y nadie está por encima de nadie”.
Así describe el propio Juan José Toro Montoya a su nueva obra literaria, una novela que explora terrenos poco conocidos de la narrativa boliviana, como el del sexo en la tercera edad, “y se inmiscuye inmisericordemente en los vericuetos de la política boliviana, como si de un violador se tratase. Irreverente con el alma humana, intenta redimirse depositando su confianza en las nuevas generaciones, aquellas que están llamadas a no repetir los errores de sus mayores”, describe la presentación del libro del escritor y periodista potosino.
“27 (Amargada diabética)” transcurre en Potosí, en un pueblo ficticio de los Chichas llamado Tincurisa, pero muchos de los capítulos son desarrollados en Potosí, indica el autor.
Es la primera novela de Juan José Toro que se estructuró a lo largo de tres décadas, “porque comencé a escribirla cuando era estudiante de primer año de la Facultad de Derecho. Nació como un cuento pero, a medida que pasó el tiempo, fue ganando en extensión, lugares y personajes hasta convertirse en una novela”, aclara Toro.
La trayectoria en el ámbito de la literatura lleva al escritor  en 2005 a la 31va. Feria Internacional del libro de Buenos Aires donde publicaría como encargo expreso para el evento, un libro de cuentos llamado “Caja de basura”; también escribió otros dos libros historiográficos.
Respecto de la acogida que espera por parte de los lectores Juan José opina, “siempre hay públicos para la Literatura, aunque cada vez menos. Al público al que quiero llegar es el adulto, fundamentalmente el adulto mayor ya que en la novela se habla del sexo en esa etapa de la vida”, indica el autor.
Si bien Toro afirma que cuando se trata de la autocrítica se concentra más en los defectos, se puede asegurar que su talento para las letras le ha permitido ocupar un lugar privilegiado tanto en la literatura como en el periodismo. “Tengo talento para la escritura y trabajo en eso cada día, especialmente desde el periodismo, pero eso no me hace un escritor. El público es el que me tiene que reconocer como tal” indica. Actualmente, el autor es director del periódico “El Potosí”, en el que desarrolla sus actividades desde el 2001. También fue premio nacional de periodismo.

domingo, abril 09, 2017

El Premio de “Escritores Noveles ” elige 9 finalistas

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Página Siete  / La Paz

De un total de 33 trabajos presentados en la octava versión del Premio Nacional "Escritores Noveles”, convocada este 2017 en el género poesía, nueve fueron seleccionados como finalistas por el jurado.  De ellos saldrá el libro premiado y dos obras mencionadas en este concurso, convocado por la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, que busca difundir la obra inédita de nuevos valores en la literatura boliviana.

Según  la Cámara Departamental del Libro cruceña, los trabajos  finalistas y sus correspondientes seudónimos son los siguientes, en orden alfabético: Acústica turquesa (Úrsula Pacheco), De la transformación de los pájaros (Carlos Benú), El eterno viaje (Yuraj Michi), Espectro de Luz (Alma Anónima) y  La casa que nos habita (Isora). A la lista se suman  Llave de agua (Rescoldo), Luminiscencia (Lapislázuli), Nada personal (Kobayashi) y Reflejos portátiles (Ramiel Lamar).

El plazo de presentación cerró el 28 de febrero. De 33 libros presentados a concurso, uno fue descartado de principio  debido a que correspondía clara e inequívocamente al género narrativo, y cuatro fueron descalificados al no cumplir con los requisitos.  

De este modo  quedaron 28 libros de poesía en concurso, de los cuales nueve fueron elegidos como finalistas. El premio consiste en 7.000 bolivianos. El fallo  se hará público el 23 de abril, Día Internacional del Libro, y la obra ganadora se presentará  en el IV Encuentro Internacional de Poesía en la Ciudad de los Anillos, en el marco de la Feria del Libro de Santa Cruz.
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