miércoles, octubre 20, 2010

Lo que Vargas Llosa no dijo




Por. Rosse Marie Caballero

Amante, doméstica, administradora, secretaria, mecanógrafa, lavandera, cocinera, limpiadora, lectora, revisora de pruebas, esposa. Fueron, entre otros, los cargos de la difunta Julia Urquidi en la vida del escritor Mario Vargas Llosa. “Lo que Varguitas no dijo” es su voz, la voz que la saca del anonimato, sin ánimo de buscar la fama, pero que deja entrever las debilidades humanas que aun los grandes poseen.
Valerosa cochabambina, la Julia, cuyo único error (como casi siempre sucede) fue haberse enamorado de quien no correspondía. Ella 29, él 19. ¿Que en el amor no hay edad? Luego, ¿para qué sirve la Psicología? Adolescencia o Teenager, desde los thirteen hasta los nineteen, Es bien sabido que un adolescente está experimentando; luego, hay que dejarlo experimentar… pero brindarse voluntariamente a ser su experimento, sin duda acarrea decepciones y grandes aprendizajes. Del aprendizaje que vivió Julia podríamos aprender todas las mujeres, que no se termine en ella: El único error de la mujer es el amor.
¿Quién soy yo para referirme al actual Premio Nobel de Literatura? Nadie. Un piojo tuerto en la literatura de Cochabamba. Pero como persona siento lástima por el frío, cínico y calculador trato que brindó este hombre a mi compatriota y congénere Julia Urquidi. ¿Y qué me importa su vida privada? –dirán. Pues, la del señor no me interesa, pero la de Julia, como mujer, sí, porque soy mujer y trato de comprender el sufrimiento silencioso de las mujeres en torno al amor. Trato también de comprender el carácter insolente de una niña de 14, en tránsito a los 15 años, que supo desempeñar a la perfección el papel de cazamaridos, robándole el esposo a su tía.
Me remito a la letra de Lo que Varguitas no dijo: “ La primera vez que sorprendí miradas cómplices entre Mario y Patricia, sentí algo que es difícil de describir; fue algo así como si la tierra se abriese a mis pies, un escalofrío recorrió mi cuerpo, no tenía piso dónde pararme, ni nada para sostenerme” (p.123). “Y así continuó mi vida junto a Mario…Y lo malo es que no podíamos hablar; en cuanto se tocaba el tema se desataba una discusión. Me daba la impresión de que Mario quería demostrar a Patricia cuál era su actitud conmigo”. (p.132).
De este juego de parentescos del que Vargas Llosa no pudo escapar, puesto que primero desposó a la tía, luego a la prima al mismo tiempo sobrina, y cuyos hijos resultan sus sobrinos y sobrino nietos al mismo tiempo, sin duda, se podrían desprender varias historias novelísticas o noveladas, que podrían más tarde convertirse en Nobeladas.
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