viernes, setiembre 18, 2009

Bolivia: Entre Ana María y el Mallku

Arturo von Vacano



Nuestro gran problema racial se hizo visible con el triunfo electoral de Morales en 2005: los verdaderos bolivianos que viven en Bolivia se pueden contar con los dedos de las manos; el país esta profundamente dividido entre indios, k’aras y ricachones que, antes que bolivianos, prefieren ser ricachones, k’aras o indios.

Esta polarización se expresó en el malhadado 60%-40% en que terminaron todas las últimas elecciones y consultas, índices que debemos evitar en Diciembre/09. Si Evo no logra en Diciembre más de un 65% habrá sido derrotado por la coyuntura racial que aqueja a Bolivia. Continuará su estúpida confrontación con la oposición más estúpida que haya visto nuestra historia y Bolivia seguirá sufriendo su horrenda pobreza.

Los indios son el factor menos peligroso por dos factores: son los únicos que jamás se irán de Bolivia y tienen, por ello, gran interés en salvarla. El que la Bolivia que ellos desean no sea necesariamente la que hoy sufrimos todos es, claro, otro tema. El otro factor: son la mayoría, y ese factor debe influir en cualquier Bolivia futura. El indio como ciudadano con deberes y derechos plenos debe ser el objetivo que todos debemos buscar como realidad cotidiana. Ayudarlo y educarlo para que conquiste esa ciudadanía debería ser deber de todos, pero sólo los inocentes piden tantas peras al egoísmo natural de sus compatriotas. Los indios, por eso, deben conquistar a cualquier precio esa legítima ciudadanía. Si siguen viviendo de un dólar o dos al día, Bolivia no merece existir.

Los k’aras, entendidos como mestizos de cara blanca y, en su mayoría, habitantes de las ciudades, son ese 40% que muy bien pueden convertirse en el 50% que enterraría en el fracaso las esperanzas de Morales; ya todos sabemos que su "socialismo" es un chiste malo: consiste en quitar a los que tienen poco y dárselo a los que nada tienen sin tocar un pelo de los que nadan en mucho. Chavista al fin y al cabo, copia así a su Chávez preferido.

Hoy las ciudades saben lo que es el hambre, observan el modo en que Evo las ha ignorado y cultivan un sordo resentimiento que habrá de expresarse en las urnas. Sólo porque la oposición es en verdad la más estúpida de nuestra historia es que ese resentimiento no halla cauce ni modo de expresión aunque está a la vista de todos: ¿Quién habría de votar por la candidatura de los asesinos de Pando? Nadie que respete su conciencia. A pesar de eso, y sin votar por el autor de la tragedia de Cochabamba, los electores tienen otro medio de votar contra Evo. El que la oposición no lo haya sugerido demuestra su feroz imbecilidad.

Pero los k’aras no son, al final de cuentas, buen material para construir una nueva Bolivia. Primero, porque se irán a lejanos lares apenas quemen las papas; segundo, porque la única patria que conocen es su billetera: basta leer los editoriales de la prensa "rosquera" actual (no existe otra) y escuchar los chismes y las porquerías a que se dedican las señoras "decentes" en Bolivia: la "elite" agónica prefiere asesinar a Bolivia para asesinar a Evo, y los k’aras (víctimas de una anomia de 50 años) andan por esas calles estudiando el empedrado y sin saber hacia donde mirar. ¿Qué se puede hacer con gente que no sabe quién es, a dónde va ni lo que quiere? Como lo ha hecho desde siempre, lo único que hace es quejarse contra su gobierno (ni Jesús puede gobernar Bolivia; eso ya se sabe), repetir chistes malos y maldecir a los demás. Cambiar la mente y la actitud de este sector es tarea de titanes que nadie ha comenzado a emprender. Su ocaso sería otra de las bendiciones del ascenso del indio al poder. Pero son hoy por hoy ese 40%.

De los ricachones sólo puede decirse dos cosas: están felices con Evo (que los trata como Chávez trata a sus ricachones, con guantes de seda); dos: traicionarán a Evo apenas aparezca un general con su justo precio o se irán con sus millones a Miami y a España si Evo se pone "serio".

De allí que su "apertura" hacia indios y k’aras para gobernar "juntos" después de 2009 es un tanto interesante.

El líder campesino (el indio es hoy "campesino" gracias a la Revolución del 52) Felipe Quispe "El Mallku" dijo de tal apertura a Erbol: "El proceso democrático que se maneja es nuestro. No es de esos señores que están rodeando a Evo Morales. No es del ministro Juan Ramón Quintana ni del vicepresidente Álvaro García Linera y otros. No es de ningunos de esos k’aras. Entonces, eso reclamaremos. No una simple diputación. Entonces, si decidimos (aceptar la invitación) reclamaremos el poder político que nos corresponde a los indios". He traducido desde el idioma que trata de hablar (no es el suyo, no tiene por qué aprenderlo) a un español más fácil de leer.

Con lo cual se condena a seguir molestando al país desde Achacachi, su base, de la que sus enemigos dicen que allí las gentes se comen crudo literalmente a todo k’ara que se anima a visitarlas. Yo no lo creo, pero tampoco me animo a visitarlos. Son una ínfima minoría india y extremista en extremo, por suerte.

Una “apertura” similar hizo Evo hacia Ana María Romero de Campero, la ex Defensora del Pueblo y ya candidata a senadora evista del Movimiento al Socialismo (MAS).

Dijo Anamar (como alguna vez quisieron llamarla) a la prensa local antes de darle un par de lecciones sobre periodismo: "El presidente Evo Morales Ayma es una persona muy bien intencionada y preocupada por todo lo que pasa en el país", para añadir que "le dije al Presidente que no voy a ir al órgano legislativo a perder el tiempo o a papar moscas porque me considero una persona de acción, me asusta ir a calentar un curul. Ojalá que ese espíritu pueda imbuir en los demás asambleístas".

Dijo más, pero con lo anotado me basta porque quisiera ver en la invitación de Evo a Anamar no sólo el reclutamiento de una “persona símbolo” sino una verdadera apertura hacia quienes Campero representa, la minoría ínfima de k’aras educados (no “educados”) que justamente gracias a su educación ven que el único camino que tienen hoy por hoy los verdaderos bolivianos es el de colaborar con Evo para lograr los cambios que todos deseamos. Ayudar corrigiendo, tal vez, pero ayudar.

Ana María Romero es una persona de trayectoria ejemplar y muy admirada porque durante las décadas en que fue figura pública demostró que su educación es sobre todo ética. Fue su noción de una conducta ética y valiente la que le ha dado el merecido prestigio de que hoy goza. Lo único malo que puede decirse de ella es que no hay cien bolivianos como ella. Si los hubiera, nuestras esperanzas se multiplicarían por ese factor.

Pero hay, sin duda, varios más, y son esos los bolivianos (los educados y patriotas) que Evo necesita hoy con desesperación. Si Ana María no fuera la excepción sino la regla en el “nuevo” gobierno de Evo, los k’aras buenos y malos cambiarían su actitud (y la de las ciudades) hacia el indio que parece no gobernar más que para los ricos y para los indios. Pero, con la seguridad de que Ana María no durará mucho en una senaduría de chiste porque su decencia se lo impediría, todos los bolivianos (buenos y malos) pueden aumentar sus esperanzas de días mejores para un pueblo que es, en el fondo, víctima desgraciada de su desgraciada historia.

Pero Evo debe destruir ya mismo la idea de que es un Presidente aislado por gentes que ni siquiera le permiten aliviar la vejiga en una soledad natural; hora es ya de que demuestre que puede andar solo por ese mundo ancho y ajeno, sin compinches que destruyan sus buenas intenciones.
h2 class="sidebar-title">Vínculos Creative Commons License
Detta verk är licensierat under en Creative Commons Erkännande 3.0 Unported Licens.