viernes, agosto 29, 2008

Articulo sobre el libro de cuentos de Willy Camacho





"Tras los misterios de una urbe"



Por: Martín Zelaya Sánchez

El autor en su escritorio, frente al monitor donde plasma sus creaciones

Más allá de no ser adepto a clasificaciones o encasillamientos literarios, Willy Camacho escribió un libro notoriamente enmarcado en cierto tipo de personas que se desenvuelven en ciertos círculos sociales de una ciudad que, aunque casi nunca está identificada en las páginas, es a todas luces La Paz.

El misterio del estido abre con una historia que pasea entre la ambición por el sitial social, la prostitución de oficina y las fiestas de lucir, y cierra con el relato que hace dos años le valió el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo, y que le da título al tomo: un hábil paseo por los recovecos del habla mestizo urbano de la “ínclita”, como tanto le gusta al autor mencionar a esta ciudad tan presente en el lenguaje de sus habitantes, al punto que recorrer por sus meandros es andar de cabo a rabo, o de Viacha a Río Abajo.

Jamás pasa por la mente —y esto ya es bastante decir de cualquier libro— dejar a medias el mediano texto de 144 páginas, no obstante algunos lugares comunes —así nomás también es La Paz—, recursos algo obvios y hasta frases rebuscadas y poco naturales.

Anticipan el tono y la esencia de cada uno de los 13 cuentos trozos de canciones populares a manera de epígrafe: Tío Alberto de Serrat, Barro tal vez de Spinetta o Volver a los 17 de Violeta Parra, y anticipan el desenlace —lo anticipan, no lo desvelan, pues la mayoría de las piezas cumplen con el básico requisito de sorprender con el final, por más pistas que dé el nudo— los párrafos iniciales en los que se desmenuza la escena o escenas inmediatamente anteriores al epílogo.

La historia de un joven que se enamora de una misteriosa chica que al final resulta ser la prostituta que iba a contratar para su “autodespedida” de soltero; el drama de padre e hijo que empiezan mal desde las riñas de infancia y terminan, décadas después, dirimiendo todo a puñaladas en un burdel; las atribulaciones de un transexual que recorre todo lo inimaginable para volverse a topar con el “amor de su vida”; el tardío arrepentimiento de un cumbiero que en pleno éxito recuerda irremediablemente sus inicios rockeros; o la historia de una pareja que empieza con robos menores y termina, crimen de por medio, armando una próspera dinastía de brujos, pitonisas y clarividentes, articulan un compendio de imágenes paceñas, al mejor estilo del libro de Saenz, y quiéralo o no el autor, más allá de no mencionar calles, ni barrios ni nombres o referencias específicas.

Sorprenden Antes del ocaso, una especie de thriller de suspenso psicológico sobre un rara avis obsesivo y una mujer amnésica, y Mañana estreno reloj, la historia de dos muchachos que recorren las calles en taxi buscando un cliente —zapatos, billetera, joyas o reloj— para pagar las deudas y los vicios, pero cuyo principal aporte es el cuidadoso manejo del lenguaje casi a manera onomatopéyica, al mejor estilo de Periférica Blvd. de Adolfo Cárdenas.
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